
Muertos que no se van: el duelo como herida abierta en «Los ojos de mi padre»
¿Qué queda cuando un padre sobrevive a su hijo? ¿Qué sentido puede encontrarse entre papeles firmados en una morgue, cenizas perfumadas con velas de supermercado y una cama vacía? Isabel Ibáñez de la Calle responde a esas preguntas con una intensidad demoledora en Los ojos de mi padre, una novela que no se lee: se sufre, se recorre como se recorre el laberinto emocional del duelo, de la culpa, del amor truncado. Una elegía feroz La novela arranca con una escena seca y brutal: el reconocimiento de un cuerpo. El cuerpo de Gerardo, el hijo de Hugo Torres Maya. Desde ese momento, todo lo que viene es una devastación cuidadosamente
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