Tour americano: el país que los otros deciden que es tuyo

Portada de Tour americano, de Marlon Aquino Ramírez

Hay una pregunta aparentemente inocente que puede convertirse en una forma de violencia: “¿De dónde eres?”. Tour americano, de Marlon Aquino Ramírez, construye buena parte de su fuerza alrededor de ella. Porque Marvin Vásquez sabe perfectamente de dónde es. Nació en Miami, creció en Estados Unidos, piensa su vida desde ese país y se siente estadounidense. El problema es que los demás parecen saber mejor que él quién debería ser.

Ese conflicto, poco explorado de esta manera en la literatura en español, sostiene una novela que además es un verdadero derroche de imaginación. Aquino Ramírez comienza en el mundo teatral de Iowa y termina llevando al lector por territorios familiares, mediáticos, políticos y hasta de aventura. En medio de ese movimiento permanece una pregunta incómoda: ¿qué ocurre con los hijos de inmigrantes latinoamericanos que no sienten nostalgia por un país que nunca fue realmente suyo?

Un americano al que llaman latino

Marvin es dramaturgo y vive en Des Moines. Después del fracaso de Closed Street, recibe el encargo de escribir una obra relacionada con la inmigración. La ironía es evidente: él no es inmigrante. Sus padres lo son. Buscando material llega a Amaru Nayra, una soprano peruana cuya historia inspira The Inka Princess. El éxito de la obra cambia su carrera y, casi sin que lo advierta, también la identidad que los demás empiezan a asignarle.

En una entrevista televisiva le preguntan cómo emigró a Estados Unidos y Marvin debe aclarar que nació en Miami. Cuando quieren saber por su relación con Perú, responde con la misma naturalidad: nunca ha estado allí y no lo considera su país. Lo interesante es que Marvin no vive atormentado entre dos identidades. Él se siente estadounidense. Son los otros quienes convierten su identidad en un problema.

La identidad que otros necesitan

Aquino Ramírez coloca así a su protagonista en una situación incómoda y muy contemporánea. En Estados Unidos, Marvin descubre que su apellido, el origen de sus padres y su apariencia pesan más que el hecho de haber nacido en Miami. Es estadounidense, pero con frecuencia lo miran primero como latino, como si su ciudadanía necesitara una explicación adicional.

Cuando finalmente viaja a Perú, la contradicción no desaparece. Cambia de dirección. Allí también lo consideran peruano y esperan de él una identificación sentimental con el país de sus padres. Marvin insiste en que no lo es. En una entrevista radial llega a declarar abiertamente su amor por Estados Unidos y recibe como respuesta el reproche del conductor, que termina llamándolo “gringuito”. De un lado le recuerdan que es latino; del otro, que debería sentirse peruano. Marvin parece condenado a pertenecer a los países que los demás eligen para él.

Una novela que se desborda

Pero Tour americano no se conforma con desarrollar ese conflicto. Ese es el gatillo de una historia que pronto se expande en direcciones inesperadas. La novela abandona el territorio relativamente reconocible del dramaturgo que busca su lugar y se traslada al Perú, donde Aquino Ramírez abre el relato hacia la crisis política y social, los medios, las luchas de poder, la violencia y una sucesión de situaciones que oscilan entre lo absurdo y lo peligroso.

El humor resulta fundamental en esta parte del viaje. La mirada de Marvin, siempre algo desubicada, permite que el autor se acerque a la realidad peruana sin convertir la novela en un tratado político. Hay sátira, personajes extravagantes y guiños literarios, incluida la sombra de un escritor en el que no cuesta reconocer los rasgos de cierto Nobel peruano. Todo entra en una maquinaria narrativa que parece disfrutar de su propia capacidad para complicarse.

El país propio y el país heredado

Debajo de toda esa aventura permanece, sin embargo, la pregunta inicial. Marvin carga con un Perú heredado que nunca pidió. Incluso dentro de su familia esa herencia está lejos de ser sencilla. Su padre, emigrado a Estados Unidos, se resiste a hablar del país que abandonó: “Yo del Perú no quiero saber ni decir nada”. La frase desmonta cualquier idea cómoda de unas raíces que pasan intactas de padres a hijos.

Ahí está la paradoja que Tour americano maneja mejor. Marvin comienza siendo un estadounidense al que los demás llaman latino y termina recorriendo el país que supuestamente debería reconocer como suyo. Ni siquiera allí deja de sentirse fuera de lugar. Mientras tanto, la novela se transforma a su alrededor y pasa del teatro a la sátira política, de la comedia a la aventura, de la identidad a conflictos mucho más amplios.

Aquino Ramírez convierte así una pregunta sobre el origen en el punto de partida de algo bastante más grande. Tour americano es una novela inquieta, divertida, excesiva por momentos y, sobre todo, imaginativa. Marvin sabe desde el principio dónde siente que pertenece. Su verdadero viaje consiste en atravesar un mundo empeñado en responder por él.

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