Malena en la ciudad de la furia

Cubierta de Las vestidas, de VERA

El Buenos Aires de Las vestidas, de Hernán Vera Álvarez, es una zona de tránsito donde nadie parece tener un lugar asegurado y donde la noche funciona como refugio, amenaza y revelación. La novela sigue a un joven que empieza a formarse como periodista y escritor en los años del menemismo, cuando la Argentina celebraba una modernidad de cartón mientras, por debajo, se abría una grieta social, económica y moral que terminaría por tragarse a una generación.

Ese aprendizaje ocurre en redacciones pobres, bares abiertos hasta cualquier hora, pensiones, bailantas, comisarías, librerías de viejo y calles donde la policía decide quién puede circular y quién no. El protagonista entra casi por azar al periodismo, en la redacción de la revista Enfoques, y en ese recorrido aparece Malena, una travesti que trabaja en el bar Las vestidas, y que se convierte en el centro secreto de la novela.

La Malena que construye Vera es una mezcla de deseo, fragilidad y desesperación. Su relación con el narrador nace de una nota periodística sobre una travesti asesinada, pero pronto se desplaza hacia un territorio más ambiguo y peligroso: el de la atracción, la culpa, la vergüenza y ¿el amor? El joven se acerca a Malena fascinado por una sensualidad que derriba sus certezas. La desea sin saber cómo nombrar ese deseo; la busca sin atreverse a darle un lugar visible en su vida.

Las vestidas no solo cuenta una historia clandestina entre un joven escritor y una travesti. Cuenta también la cobardía de una época, la manera en que una sociedad condena ciertos cuerpos a la noche, a la policía, al secreto y al abuso. Malena exige ser vista, aunque el mundo que la rodea apenas le permite existir.

A su alrededor, además, el telón de fondo es una generación que se deshace. Los amigos del narrador empiezan a sentir que el país se ha vuelto una habitación sin aire: “Me siento frustrado. Acá estoy perdiendo el tiempo”. Lo dice Mazo, y en esa frase resuena la voz de una generación desencantada que no quiere repetir la historia de sus padres, que trabajaron toda la vida sin conseguir nada sólido. La fuga del país, entonces, aparece como la única manera de anticiparse a la derrota.

La novela avanza con una prosa seca, callejera, cargada de escenas poderosas. Hay algo de crónica en su respiración: el oído para los diálogos, la precisión con que aparecen los oficios, los bares, los editores, los desempleados. Pero también hay una educación sentimental amarga. Mientras Malena se vuelve una presencia cada vez más honda, alrededor del narrador los trabajos desaparecen, las revistas cierran, la política se vuelve una promesa gastada.

Vera logra que lo íntimo y lo histórico se contaminen. La historia de Malena y el joven periodista es también la historia de una ciudad que expulsa a sus hijos, de una juventud que comprende que quedarse puede ser otra forma de perder, y de un país que se mira al espejo sin reconocer su propia decadencia. En esa Buenos Aires subterránea, furiosa y triste, Malena brilla como una aparición incómoda, luminosa y herida.

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