Una muchacha cruza el desierto. Un hombre cena con su exesposa. Dos amigas caminan por el bosque de su soledad. Un viejo carpintero construye el ataúd de su hija. Un narrador, quizá todos los narradores, recuerda demasiado. Y todos, en mayor o menor medida, buscan algo que se ha perdido —un país, un amor, un nombre, un lugar—. En el Lost & Found no es solo el título del libro de Santiago Vaquera-Vásquez, es también el espacio simbólico desde donde se escriben estos cuentos: esa oficina universal donde terminan las cosas que se extravían. Y de la cual, a veces, pueden recuperarse.
Cuentos con olor a mixtape
Publicado en 2016 por Suburbano Ediciones, En el Lost & Found reúne más de veinte cuentos breves y fragmentos narrativos que funcionan como postales desde una vida chicana en movimiento. La estructura del libro remite más a una playlist que a una antología convencional: las piezas se alternan con diferentes ritmos, tonos y registros, pero al leerlas en conjunto aparece una textura común, una voz narrativa que se multiplica sin desdibujarse.
No hay un solo personaje, pero hay una sensibilidad compartida: la del migrante cultural, el “border crosser” emocional que habita entre idiomas, entre amores, entre ciudades. Desde Los Ángeles hasta Madrid, pasando por el sur de California, el DF, Nueva York o Estambul, los protagonistas se mueven con una nostalgia que no es solo personal: es histórica, política, generacional.
El cuento “Esperar en el Lost and Found” funciona como una declaración de principios: “Vivimos. Vivimos. Vivimos.” dice el narrador, en un tono coral que reúne voces de dreamers, conductores de camiones, locutores, soldados y artistas. La frase resuena como consigna, como consuelo, como testimonio. Así se mueve este libro: entre la herida y el aguante.
La frontera como herida y como poética
Vaquera-Vásquez no escribe desde una identidad estática, sino desde el tránsito. Sus personajes no siempre saben quiénes son, pero intuyen que el camino —ese viaje inestable y a veces doloroso— es también un modo de resistir. Hay una hibridez que no busca reconciliación, sino presencia. El lenguaje, en ese sentido, es clave: el español y el inglés se mezclan con naturalidad, sin necesidad de traducción. Spanglish es mi language, declara uno de los cuentos. No como efecto de estilo, sino como gesto vital.
El cuento “Don Chale” es un ejemplo brillante de esta poética: una tragedia mínima en una comunidad migrante que, en manos de Vaquera-Vásquez, se convierte en una pieza de ternura y dignidad. La historia del ataúd construido para una hija muerta no apela al sentimentalismo, sino a una emoción contenida y precisa que golpea como un susurro.
Despedidas, mixtapes y exes
Otro de los ejes del libro son las relaciones amorosas. Amores que fueron, que se interrumpieron, que se recuerdan. En “Instrucciones para cenar con tu ex esposa”, el humor y la tristeza se abrazan en una serie de pasos que suenan a canción triste de los 80. “No mires hacia su boca cuando habla. No te imagines si todavía besa igual.” En esos detalles es donde Vaquera-Vásquez brilla: la minucia cotidiana que revela lo que no se dice.
El autor es también un narrador musical: cada cuento parece tener su banda sonora implícita. Wilco, The Cure, Los Tigres del Norte o Manu Chao aparecen como ecos o acompañantes de los personajes. Se siente que este libro fue escrito con audífonos puestos, o al menos, con el corazón sintonizado a una frecuencia que no es del todo literaria, sino vivencial.
En la memoria del lector
En el Lost & Found no es un libro que cierre con respuestas. Tampoco las necesita. Su fuerza está en las fugas, en lo que deja vibrando entre cuentos, en las historias que parecen no acabar. Es un libro de reencuentros improbables, de voces que se hablan desde distintos puntos del mapa, de objetos que alguien extravió pero otro puede reconocer como propios.
Santiago Vaquera-Vásquez escribe con una mezcla de melancolía y dignidad, con humor y ternura, con ese cuidado que tienen los que saben que no se vuelve indemne de ciertas pérdidas. Sus cuentos no se olvidan. Se quedan dando vueltas, como las canciones que uno pone en repeat, aunque ya se sepa la letra.
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