Miami no estaba en los planes: cartografía íntima del desarraigo

Miami no estaba en los planes, de Jorge Ignacio Pérez, no es una guía de viajes ni un diario clásico, aunque dialogue con ambos géneros. Es, más bien, un cuaderno de tránsito: por ciudades, por afectos, por estados de ánimo, por distintas formas del exilio. Un libro escrito desde la experiencia vivida y recordada, donde el desplazamiento físico sirve de excusa para pensar el tiempo, la memoria y la pertenencia.

Desde el prefacio, situado en un Miami cotidiano y nada glamoroso —el tráfico, el aire acondicionado, el patio, el vecino Heriberto marcado por la historia cubana—, el autor deja clara su poética. No hay impostura. La ciudad aparece como espacio de llegada tardía, casi accidental, una estación más en un itinerario que comenzó mucho antes y que, de algún modo, nunca termina. “Miami no estaba en los planes”, repite el título como una confesión y también como una advertencia: la vida, para Pérez, ocurre casi siempre fuera de lo previsto.

Viajar para recordar

El libro se organiza en capítulos dedicados a ciudades: Baix Empordà, Roma, París, Cadaqués, Gijón, Lisboa, Palma de Mallorca, Begur, Copenhague y Malmö, Madrid, Barcelona, La Habana y, finalmente, Miami. Cada lugar activa una historia, un encuentro o una escena mínima que se expande hacia algo mayor. No se trata de describir monumentos, sino de registrar sensaciones. Un hotel modesto en París puede ser más revelador que Notre Dame; una tormenta en Cadaqués dice más que cualquier postal soleada.

En Baix Empordà, por ejemplo, el frío, el silencio y la soledad funcionan como detonantes de una introspección profunda, casi física. En Roma, una turbulencia aérea y unos zapatos “Made in Italy” abren paso a reflexiones sobre el azar y la previsión. París se vive desde una habitación pequeña, atravesada por el deseo, el cansancio y la conciencia de estar de paso. Cada ciudad se convierte en un espejo emocional.

El exilio como estado permanente

Uno de los ejes más potentes del libro es la experiencia del exilio, entendida no solo como salida forzada de Cuba, sino como una condición que se prolonga y se transforma. Barcelona aparece como un espacio amado y conflictivo, una ciudad donde el autor fue cuidador de ancianos “por la izquierda”, sin papeles, mientras aprendía a mirar Europa con ojos latinoamericanos. Gijón, en cambio, encarna la expectativa fallida, el intento de recomenzar que no cuaja, pero que deja huella.

La Habana está siempre presente, incluso cuando no es nombrada directamente. Aparece en las comparaciones, en los olores, en la comida, en el modo de relacionarse con los otros. Lisboa, por ejemplo, se siente cercana porque recuerda a la capital cubana en su decadencia luminosa, en su ritmo humano, en esa mezcla de abandono y belleza que no pide disculpas. El pasado no es un lugar al que se vuelve, sino una capa que acompaña cada desplazamiento.

Escritura, fotografía y memoria

Miami no estaba en los planes incluye fotografías tomadas por el propio autor, en blanco y negro, que dialogan con los textos sin ilustrarlos de manera literal. Son imágenes sobrias, urbanas, muchas veces despojadas de presencia humana, como si reforzaran esa sensación de tránsito y observación silenciosa. La escritura acompaña ese tono: clara, directa, con momentos de humor seco y otros de una melancolía contenida que nunca se vuelve grandilocuente.

Pérez escribe desde la honestidad del que no necesita demostrar nada. Sus referencias culturales —Dalí, Gaudí, Pessoa, la Guerra Civil española, la historia cubana— aparecen integradas a la experiencia, no como exhibición erudita. El resultado es una prosa cercana, hospitalaria, que invita al lector a caminar a su lado, sin prisas.

Al cerrar el libro, queda la sensación de haber recorrido muchas ciudades y, al mismo tiempo, un solo territorio: el de un hombre que se mueve entre países buscando algo tan simple y tan complejo como un lugar habitable para la memoria. Miami, al final, no era el plan, pero termina siendo el punto desde donde todo se reordena, aunque sea provisionalmente.

Loading