#LibrosQueDuelen

El grito que no se olvida: sobre Eni Furtado no ha dejado de correr, de Alicia Kozameh

Eni Furtado corre. Corre con la desesperación del cuerpo que no encuentra descanso, del alma que no encuentra refugio. Corre desde las primeras páginas de esta novela estremecedora de Alicia Kozameh, que no se escribe solo con palabras sino también con cicatrices. Porque Eni Furtado no ha dejado de correr no es solo un relato —es una forma de resistir, de dar testimonio, de sobrevivir. La autora argentina, ex presa política y figura clave de la literatura de la memoria, vuelve a sumergirse en las zonas más oscuras de la infancia, el abuso, la culpa y la construcción de la subjetividad femenina bajo la violencia patriarcal. Pero esta vez lo

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¿Por qué grita la gente? Uno nunca lo sabe.

Hay libros que no se leen: se viven. Se atraviesan como una memoria prestada. Con el corazón apretado, a veces con ternura, otras con rabia o estupor. Eso pasa con Uno nunca sabe por qué grita la gente, de Mario Michelena. Un volumen que no se conforma con contar buenas historias, sino que nos empuja a mirar a través de las fisuras —familiares, políticas, afectivas— por donde se cuela la verdad humana. Dividido en cuatro relatos de largo aliento, este libro es una constelación de escenas íntimas y conmocionantes. No hay pirotecnia, pero sí profundidad. No hay solemnidad, pero sí lucidez. Michelena escribe con un oído quirúrgico para el habla

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Relatos Arcanos: mujeres que sangran, ojos que ven de más, cuerpos que estallan

  Una joven artista que pinta con la bilis y los ojos de su amante muerto, un niño que encuentra a su compañero de clase macerado en almíbar dentro de un barril, una madre que resbala en la ducha y se incrusta vidrios en la cara, y un monstruo marino que susurra a su víctima: “Eres la presa que esta noche vamos a cenar”. Relatos Arcanos, de Tanya Victoria, no es solo una colección de cuentos. Es una experiencia visceral. Un descenso a los sótanos de la mente humana, esos donde conviven el deseo, la culpa, el hambre y la violencia. El arte de lo excesivo La escritura de Tanya

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Tukzon, de Giovanna Rivero: escribir desde el borde

Una escritora latinoamericana acepta una misión: viajar a Arizona y escribir un reportaje sobre coyotes para una revista llamada Mother Fucker. No se trata de animales, sino de traficantes de personas. El encargo parece claro, casi periodístico, pero desde el primer párrafo sabemos que lo que se va a narrar no es un reportaje. Es una confesión, un colapso, una fuga. Instalada en Pequeña Roca, una ciudad fronteriza, la protagonista espera instrucciones de una figura extraña llamada Ariadna Nemsis. Los correos llegan con fechas imposibles —año 900, año 3021— y desde lugares que no existen. El trabajo periodístico no avanza. En cambio, empieza a desplegarse otra cosa: la historia de

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El grito que no se olvida: sobre Eni Furtado no ha dejado de correr, de Alicia Kozameh

Eni Furtado corre. Corre con la desesperación del cuerpo que no encuentra descanso, del alma que no encuentra refugio. Corre desde las primeras páginas de esta novela estremecedora de Alicia Kozameh, que no se escribe solo con palabras sino también con cicatrices. Porque Eni Furtado no ha dejado de correr no es solo un relato —es una forma de resistir, de dar testimonio, de sobrevivir. La autora argentina, ex presa política y figura clave de la literatura de la memoria, vuelve a sumergirse en las zonas más oscuras de la infancia, el abuso, la culpa y la construcción de la subjetividad femenina bajo la violencia patriarcal. Pero esta vez lo

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¿Por qué grita la gente? Uno nunca lo sabe.

Hay libros que no se leen: se viven. Se atraviesan como una memoria prestada. Con el corazón apretado, a veces con ternura, otras con rabia o estupor. Eso pasa con Uno nunca sabe por qué grita la gente, de Mario Michelena. Un volumen que no se conforma con contar buenas historias, sino que nos empuja a mirar a través de las fisuras —familiares, políticas, afectivas— por donde se cuela la verdad humana. Dividido en cuatro relatos de largo aliento, este libro es una constelación de escenas íntimas y conmocionantes. No hay pirotecnia, pero sí profundidad. No hay solemnidad, pero sí lucidez. Michelena escribe con un oído quirúrgico para el habla

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Relatos Arcanos: mujeres que sangran, ojos que ven de más, cuerpos que estallan

  Una joven artista que pinta con la bilis y los ojos de su amante muerto, un niño que encuentra a su compañero de clase macerado en almíbar dentro de un barril, una madre que resbala en la ducha y se incrusta vidrios en la cara, y un monstruo marino que susurra a su víctima: “Eres la presa que esta noche vamos a cenar”. Relatos Arcanos, de Tanya Victoria, no es solo una colección de cuentos. Es una experiencia visceral. Un descenso a los sótanos de la mente humana, esos donde conviven el deseo, la culpa, el hambre y la violencia. El arte de lo excesivo La escritura de Tanya

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Tukzon, de Giovanna Rivero: escribir desde el borde

Una escritora latinoamericana acepta una misión: viajar a Arizona y escribir un reportaje sobre coyotes para una revista llamada Mother Fucker. No se trata de animales, sino de traficantes de personas. El encargo parece claro, casi periodístico, pero desde el primer párrafo sabemos que lo que se va a narrar no es un reportaje. Es una confesión, un colapso, una fuga. Instalada en Pequeña Roca, una ciudad fronteriza, la protagonista espera instrucciones de una figura extraña llamada Ariadna Nemsis. Los correos llegan con fechas imposibles —año 900, año 3021— y desde lugares que no existen. El trabajo periodístico no avanza. En cambio, empieza a desplegarse otra cosa: la historia de

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