#literaturamexicana

Corrupción, cuerpos y calor: la novela negra que arde en la frontera

La frontera es un arma caliente, de Gabriel Trujillo Muñoz, es una novela que se mete al lector en la piel como el polvo seco de Mexicali: incómoda, abrasiva, necesaria. No es una novela que se lea, es una que se huele, se suda, se traga. Con un ritmo impecable y una voz narrativa que lo observa todo con cinismo, inteligencia y dolor, Trujillo Muñoz entrega un noir fronterizo de gran calado, donde la justicia nunca es pura, la verdad se dobla y el poder siempre dispara primero. Un detective sin ilusiones Lázaro Duarte, comandante de la policía estatal, es el hilo conductor de esta historia. Desde las primeras páginas

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El monstruo que habita el lenguaje

Hay libros que están escritos desde un lugar donde ya no hay consuelo posible. El Monstruo Mundo, de Azucena Hernández, no es una historia sobre la desesperación: es la desesperación en forma de prosa. Una nouvelle que se abre como una herida y nunca cierra. Un texto que no busca explicar nada, mucho menos ofrecer salidas. Sólo sabe estar en el derrumbe. La protagonista —sin nombre, sin épica, sin destino— nos arrastra en un monólogo fragmentado que bordea el diario íntimo, el delirio, la novela de aprendizaje y la confesión alucinada. Vive en una habitación minúscula, trabaja en una pizzería, consume drogas, lee compulsivamente, recuerda traumas, duerme mal. En todo,

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Corrupción, cuerpos y calor: la novela negra que arde en la frontera

La frontera es un arma caliente, de Gabriel Trujillo Muñoz, es una novela que se mete al lector en la piel como el polvo seco de Mexicali: incómoda, abrasiva, necesaria. No es una novela que se lea, es una que se huele, se suda, se traga. Con un ritmo impecable y una voz narrativa que lo observa todo con cinismo, inteligencia y dolor, Trujillo Muñoz entrega un noir fronterizo de gran calado, donde la justicia nunca es pura, la verdad se dobla y el poder siempre dispara primero. Un detective sin ilusiones Lázaro Duarte, comandante de la policía estatal, es el hilo conductor de esta historia. Desde las primeras páginas

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El monstruo que habita el lenguaje

Hay libros que están escritos desde un lugar donde ya no hay consuelo posible. El Monstruo Mundo, de Azucena Hernández, no es una historia sobre la desesperación: es la desesperación en forma de prosa. Una nouvelle que se abre como una herida y nunca cierra. Un texto que no busca explicar nada, mucho menos ofrecer salidas. Sólo sabe estar en el derrumbe. La protagonista —sin nombre, sin épica, sin destino— nos arrastra en un monólogo fragmentado que bordea el diario íntimo, el delirio, la novela de aprendizaje y la confesión alucinada. Vive en una habitación minúscula, trabaja en una pizzería, consume drogas, lee compulsivamente, recuerda traumas, duerme mal. En todo,

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