Con El monstruo mundo, novela de Azucena Hernández publicada bajo el sello Ars Communis, la idea de que estamos ante una novela autobiográfica crece al mismo ritmo de la certeza de que se trata de una obra por completo de ficción y esa tensión se mantiene a lo largo de toda la lectura. Hernández es de Ciudad Juárez y en la novela recrea un mundo que debe haber conocido muy de cerca y que otros tenemos la suerte de acceder a él solo a través de la literatura y otras artes. Pero como dice la narradora de El monstruo mundo en sus páginas: “Validar la existencia en la literatura acaso resulte absurdo”. El sórdido ambiente que rodea a la mujer protagonista del relato la lleva por una espiral de autodestrucción de la cual saldrá o no como si estuviera tomando una decisión con el lanzamiento de una moneda: si sale cara me salvo, si sale sello estoy condenada. No será algo especial lo que la saque de su situación, no sucumbirá debido a eventos extraordinarios o inesperados, la cotidianidad es así, cruel, despiadada y completamente normal. Mientras tanto, intenta usar la escritura para dar fe de lo que vive y siente, para hacerse consciente de su situación y destino, aunque siempre cuestionándose sobre la osadía de ese acto, escribir, de “creer que lo que se dice es importante, que antes que todo fue el verbo conjugado en la primera persona”. En un momento dado entendemos que esa primera persona en realidad son múltiples personas, mujeres anónimas y olvidadas que quieren contar su historia, las historias de las mujeres de Ciudad Juárez que deben ser escuchadas una y otra vez hasta que por fin las entendamos y les digamos a esas mujeres que sí, que lo que dicen es importante.


Luis Alejandro Ordóñez (Venezuela) es de profesión politólogo, en Estados Unidos se ha desempeñado como editor, redactor de medios, corrector de estilo, traductor y profesor de español, además de a su carrera literaria. En 2015 publicó el libro de relatos Play y en 2014 ganó el II premio literario en español de la Universidad NorthEastern por el cuento Doble negación. Con Bibliotecario ganó el Concurso de Microrrelatos Severo Ochoa de la biblioteca del Instituto Cervantes de Chicago, y fue finalista del I Concurso de Microrrelatos para Twitter @1cmct gracias al texto Turno. Su micronovela experimental Gatubellísima ha sido reseñada en diversas oportunidades como pionera de la narración vía Twitter y redes sociales.