Adelanto de Callejeros, novela de Pedro Medina León

No existe vida espirtual en este infierno.

De la canción “Miami”, por los Fabulosos Cadillacs

 

Diciembre 23

Echo por última vez la basura en el contenedor verde del alleyway y dejo mi trapo con el que he limpiado mesas por estos dos meses, colgado en un gancho en el cuartito donde se guardan los utensilios de limpieza. Ya no hay nadie en el Thai Orchid. Me despido de Clarita con un abrazo y le doy las gracias por todo. Gracias a usted, responde. Me invita a un happy hour, al Waiters Night del bar Normandy, donde se conoció con Povedano y van todos los que trabajan en oficios como los nuestros. Anímese a una cervecita. Pero no. No me provoca. Quiero bañarme. Huelo a curry, como cada vez que salgo del Thai Orchid. O huelo a mierda. No lo sé. Pero hasta en mis días libres siento que huelo a comida, a fritanga. Me huelo el pelo, las manos, los dedos, las uñas y siempre huelo así.

Me lo recuerda: felices crismas.

En mi mochila, sin que ella sepa, estoy llevando una de las cajitas de comida de órdenes para llevar con red chicken curry y pad thai.

 

Take the long way home

Camino al efficiency por la Ponce de León, con mi mochila y mi pad thai. Última vez que camino esta ruta de regreso al efficiency. Sin caer en cuenta, ya siento que el colchón en el suelo me despierta ese “poner la cabeza en mi almohada”, que es mi sweet home colchón. Pienso en Requena y su alegría por lo de su primo Renato. En las felices crismas que me acaba de desear Clarita, seguramente con las ganas de que algún día, no muy lejano, no sean palabras huecas, de inmigrante que va a pasar navidad entre ollas y platos sucios. En el argentino fan de Miguel Abuelo y sus sueños de cineasta. ¿Qué posibilidades hay de que la vida me vuelva a poner en el mismo camino de Clarita y del argentino? Es probable que la otra tarde que me crucé con el argentino haya sido la última vez en mi vida que lo vea, y lo mismo hoy con Clarita. Siempre hay una primera vez, pero también siempre una última vez. Es cierto, argentino: esta ciudad te enseña a no crear lazos fuertes y si los creas, a desprenderte rápido de ellos. Pienso también en la historia entre Povedano y Clarita que finalmente me vino a contar hace un par de días Requena: Povedano salió huyendo de Miami Beach, donde vivía, por una pena de amor. Todo llega: los asuntos emocionales también se hacen su espacio en los inmigrantes cuando ya están más asentados y asimilados.

Y pienso en los turistas que vienen a pasar las fiestas, esos que llenan la ciudad y vacían los malls, pero que dejan buenos tips.

 

Diciembre 24

Requena me regala una edición pirata de La vida exagerada de Martín Romaña, el librazo de Bryce. La mandó traer de Lima. Povedano me regala un suéter amarillo de Gap. A los dos les gustaron sus chalecos polares. He comprado Coronas en el Winn Dixie. Requena helados de vainilla, torta de chocolate y una bolsa de mini crunch. Povedano encargó dos pollos a la brasa, en un restaurante de Kendall y un amigo del trabajo le hizo el favor de llevarlo a buscarlos. Y ordenó un buen par de porciones de papitas fritas, muy abundantes, con ají y salsita de huancaína. De fondo nos acompañan canciones de Los Fabulosos Cadillacs, repetimos muchas veces el tema “Miami”, de su álbum Rey Azúcar, que es muy crítica con Miami, dice pestes de ella pero realmente no dice nada nuevo, han convertido en letra el clásico tópico que pesa sobre esta ciudad que dice que es superficial. También “Invierno de saco azul”, y conforme van fluyendo las Coronas, le cambiamos por “Chambeando en el Chato Azul”. Intentamos llamar a Lima, pero la red de las tarjetas telefónicas está congestionada y es imposible establecer contacto. Requena nos sorprende con una botella de pisco y los ingredientes para preparar pisco sour. Además, saca una cámara de fotos desechable de Walgreens y empieza a disparar.

Se acaban las rondas de pisco y seguimos con las Coronas. A las tres de la mañana ya no podemos articular palabra, y creo que tampoco tendríamos qué más hablar de Lima, ni qué más salud hacer en nombre de Lima… Esos años de “asimilación” de los que tanto se jactan Povedano y Requena quedan diluidos entre el pisco y la cerveza. Es una realidad frágil. Que se desmorona. Un edificio que se ha construido desde el último piso y aún falta (no poco) para llegar al de más abajo.

Caemos dormidos sobre el tapete

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El Miami Review